En ciertas zonas, tenerle fe a Google Maps o a lo que indica el catastro es igual a creer que el ajuste lo paga la casta, es decir, cosa de gente que se drogó mucho, que se droga con esmero o que por su perfil psicológico lo hará de un momento a otro. Vamos, que las cosas están donde están, y a lo sumo, si no son fácilmente ubicables habrá que ingeniárselas porque quienes deberían tirarte la posta no lo van a hacer; entonces, pues, uno busca referencias, hitos reconocibles, mojones visuales, lo mismo que hacía el Pokemon Go, el jueguito aquel de 2016, que usaban los pibes antes de farmear aura. ¿Un local del Partido Obrero? Lugar ideal para gimnasio pokemón. ¿Una panchería, un bunkercito de narcomenudencias? Una pokeparada reconocible y bien documentada. In your face, Google maps!