Cualquier progre bien pensante y con los patos en fila pensaría que la montonera estaría preocupada por la reforma laboral, por su futuro, el de sus hijxs, y en el mejor de los casos, por el del país. Pues no, porque los progres cotizan a la baja, dicen boludeces como “vamos a volver mejores” y encima, si los dejás hablar, chorrean antisemitismo disfrazado de nacionalismo ecologista en cuanto ven un incendio. Los montones, como bien saben los que se levantan a las 6 de la matina y viajan 2 horas apiñados entre sudores, se preocupan por asuntos más pedestres porque, a fuerza de que los caguen una y otra vez, han decidido ocuparse de lo urgente más que de lo importante. Así que la preocupación en la fila del tren y de la guardia de la salita de primeros auxilios del barrio no es que les van a cortar las vacaciones -que pocos tenían- ni que les vayan a descontar parte del sueldo por luxarse jugando a la payana con los pibes. A la muchachada, lo que más le preocupa en estos tiempos convulsos y psiquiátricos, es que les sacaran el Magis, el Xuper, y todas las apps que les dejaban ver futbol y novelas turcas sin pagar. Así de sencillo. Muchos habían dado de baja el cable o vendido la antena del televisor. Los que todavía pagaban Netflix y sus parientes habían cancelado la suscripción si total tenían todo para sentirse más o menos felices cuando llegaban de laburar y ahogaban las penas inflacionarias de su propio INDEC existencial fritándose el balero con películas de superhéroes que pueden lo que ellos no. O por ahí flasheaban amores primermundistas con esas novelas conservadoras, cis-heterosexuales, machistas, paquis y reaccionarias donde el ser amado es una propiedad más o menos a la altura de una casa con pileta y amenitis.