Joie

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No se sabe si es deseo mal llevado, un piedra libre a la pulsión golpista o simplemente algo que la monada dice porque necesita descargarse, pero la cosa es que se escucha que se cae, que no llega, que se va, que lo matan como a Moreno, que se mata como Nisman, que le tiran un cacho de bofe con vidrio a los perros o que la hermana le cuelga la galleta por un primo santiagueño que la tiene grande y no duerme siesta. Eso dicen en la parada mientras putean por el precio del boleto para bondis que se quedan en mitad de la autopista y vienen cuando les pinta venir, es decir, casi nunca.

6 episodios sinfónicos

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1 Salgo del laburo 20:45. Si quiero comprarme un atado de puchos por semana tengo que patear hasta Consti, no hay tu tía. Época de vacas flacas. Son 20 cuadras. Llego 21:15 porque voy papando moscas. Llega uno al km.29. No subo. Me deja lejos y también me obliga a un trasbordo. Pasan los minutos, y las horas. La gente se pone irascible. Desde donde estoy puedo ver como un vendedor de falopa se hace rico vendiéndole a paqueados y trabajadoras sexuales, sobre O’brien y Salta. Los dos milicos de la esquina se acercan a saludarlo. Ríen de chistes al paso. De hecho, con los milicos y todo, para junto al transa un Clío de vidrios polarizados y le compra algo. El vidrio de atrás tiene un ploteado con la cara del Potro Rodrigo. Parece que el motor está ultra manijeado porque cuando sale emite unos ruidos de transmisión de fórmula 1 que da calambre. Las cubiertas quedan marcadas en la calle mientras el auto se aleja dando coletazos entre bondis y personas que cruzan. Los policías, bien gracias.

Willendorf

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92 personas en la fila. Todas puteando al creador del cielo y de la tierra, al pelotudo del Tío Alberto y al subnormal de Milei que de tanto practicar el incesto se olvidó de arreglar el asuntito del subsidio con los colectiveros; y los tipos, como todo empresario que se precie, deciden cagarse en el prójimo en pos de pagar la cuota que les queda del yate. La fila llega hasta la esquina y la dobla, complicándoles la vida a la trabajadora sexual, a un vendedor de empanadas al paso y a un discreto vendedor de paco que atiende en esos lares. Estoy en mitad de la fila así que hace más de una hora y media que espero. Llega el último, el de las 11 de la noche. El chofer, un pibito gaucho que no había nacido cuando se estrenó Gran Hermano, deja pasar a los que no tienen saldo en la SUBE y nos pide, porfa, que hagamos lugar, así suben todos. También se copa y nos advierte que vayamos haciendo números porque parece que el boleto del semirápido se va a $500 y la vamos a parir.

Libertad de chicles

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El chofer escucha a todo lo que da canciones del cantante de cumbia que se murió ayer en Santiago del Estero. Cada vez que termina una canción uno del fondo grita para todos
– ¡Gloria al Señor!

No queda muy en claro si agradece la muerte del artista, si celebra su arte o si alaba al colectivero y por eso lo trata con respeto. Lo hace desde Laferrere Town hasta Evita city, donde baja.

Virtudes

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Domingo. 236 de Kathan city a MoronLand. En algún punto de la zona fantasma que atraviesa la ruta provincial 1001 sube una señora con un escote que no deja nada de nada a la imaginación. Debe andar por los cincuenta largos. Es petisa y de lejos se nota que se esmeró mucho con el maquillaje porque no tiene un solo espacio de su cara que no emita un fulgor fosforescente. Usa unos borcegos con plataformas muy en plan púber. Un borrachín elocuente despatarrado en el fondo al verla tira un
-¡Fuaaaaaaaa!- y le promete, casi que le jura, que deja el vino si le regala una sonrisa.

Keep on jumping

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Hace varios días que lo cruzo en el bondi. Morocho, gorra gris, linda, de buena calidad, cara. Usa barba tipo chivita y pantalones que parecen tres o cuatro talles más chicos porque le dejan al descubierto las canillas. Toma compulsivamente gaseosas energizantes, dos o tres latas durante el recorrido, diferentes marcas, distintos tamaños, lo que es un señor presupuesto porque esas cosas a la larga salen un billete si te clavás varias todas las mañanas. El nivel de cafeína que maneja debe estar por encima de lo saludable. Usa unos auriculares ni muy muy ni tan tan. El volumen puede que lo deje sordo antes de llegar a viejo. Lo que escucha no se caracteriza por su elegancia o su sobriedad. Siempre va en el último asiento de la fila de butacas individuales salvo hoy. Va en el último, pero de la fila de dos, contra la ventanilla. Su lugar habitual lo ocupa un pibe que debe jugar en las inferiores de algún club porque todos los días viaja con look de futbolista hasta Evita city.

Animalitos de dios

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Luego de esperar una hora cae el colectivo. Subimos. Tiene aire. Pego asiento. Suben también unos especímenes pasados de copas en su versión más hedionda y asquerosa, ejemplos del salvaje que no genera ninguna empatía. Entidades amorfas carentes de cualquier indicio de humanidad respetable. Se hacen los graciosos, cuentan chistes a los gritos ofendiendo a cualquier minoría. Cuando el colectivo, cuyo pasaje cuesta lo que un Potosí se queda en el peaje de Dellepiane, la negritud se violenta. Ok tienen razón. Gritan que trabajaron 15 horas y quieren llegar a su casa. Eso es justificable. El estado etílico y las imbecilidades que dicen, no. El problema es que tienen botellas de vidrio y las quieren usar. Para colmos, el chofer, en lugar de explicar lo que pasa, desaparece. No se quiere fumar la verdugueada. La diferencia es que él puede bajarse y nosotros no. La temperatura pasa de 15 grados a 70 en 5 minutos. Todo lo que me rodea transpira y tiene olor a chivo. Los austrolopitecus afarencis no cierran la boca. Aparece un policía pero es más útil un tumor. Pone un par de conitos y se va. No podía ser de otro modo.

Ardiente paciencia

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No podía no pasar…otra vez. Son las 10 de la noche y aun así hacen treinta y pico de grados. Hay una cuadra de cola esperando el colectivo. En el lapso de tiempo en que debían pasar 3 no pasó ninguno. Los ánimos están caldeados. Por mucho menos le cortaron la cabeza a los reyes de Francia o derrocaron a Batista. La falta de morfi los primeros años de vida, el abuso de sustancias variopintas y una pobre formación en praxis política deja a la mayoría lejos de cualquier aspiración reivindicatoria. Al llegar el bondi un grupo de gente bebida acusa a otro grupo de gente bebida de querer colarse. No queda muy claro si es cierto o no. Se carajean de tal forma que haría que cualquier lingüista, semiólogo o estudioso del castellano medianamente competente sufriera una erección, es decir, sin consonantes. Se adivina el insulto más por el tono que por las palabras propiamente dichas. He aquí -pienso- la apropiación creativa del idioma de nuestro señor el rey de España, Dios lo tenga entretenido en sus matufias familiares y no lo suelte. Suben ellxs y subimos el resto. Siguen bardeando. Como amenazan con cagarse a palos arriba del bondi tenemos que esperar veinte minutos largos para que el chofer se digne a salir.

Los efectos del calor para tu piel de verano mundialista

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Borges decía que apenas se nombraba a los camellos en el Corán porque se caía de maduro que andaban por ahí por eso decir que el bondi está hasta las tetas es lo mismo, una redundancia. Por lo mismo sorprende que, en Evita city, cuando el fercho se niega a abrir la puerta, una nenita de unos 16 o 17 años comienza una batalla a patadas contra la puerta. La nena, vestida de trapera con una sutil mezcla entre el estilo de L-Gante o el Duki, es de contextura pequeña. Lleva los ojos hiper delineados y quiere subir a cualquier costo. Queda claro que tiene los ovarios llenos de esperar, pero a diferencia de los otros 30 que se cubren del sol con la sombra del refugio, ella decide hacer algo. Es cierto, poco útil y elegante, pero algo. Como el embotellamiento no afloja la nena se pasa más de 5 minutos meta patada, golpe de puños y escupitajos contra la puerta. Un trajeado se acerca para intentar calmarla pero la piba le dirige una mirada de desprecio, semejante a la que deben dirigirnos los dioses cuando nos escuchan pedir boludeces, como ganar un partido, la inmortalidad, tener sexo con modelos y esas cosas.

Sadako

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Tren Roca mano a capital. Pego asiento al lado de un trajeado que lleva un ramo de rosas rojas que debe valer un potosí. En alguna estación entre Bernal y Sarandí sube un chabón con una especie de changuito tuneado. Lleva un parlantito chico, pero pulenta, con lucecitas de colores. Entra al vagón al grito de

-Vamos a romperla, chiques.- Y empieza a cantar como si estuviese solo en la ducha de una casa en mitad del desierto de Negev.

La moda como una de las bellas artes

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Como la edad que tengo no es nada barata mí memoria alcanza hasta tiempos en los que no era tan habitual como ahora que los diarios te explicaran paso a paso cómo amasijar presidentes; o sí, pero eran más discretos. En esas épocas, con la excusa del currículum oculto y aquello de formar al educando para el mundo laboral, te obligaban a ir al colegio de punta en blanco. En la puerta se paraba una preceptora o algún otro con cargo institucional y te miraba la facha a ver si te encontraba algo en órsay.

El origen del mal 2: ahora es personal.

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No solo recortaron la frecuencia de los servicios de colectivos sino que achicaron el horario de actividad así que si antes viajar era un descenso a los infiernos ahora es una expedición en busca de la moral macrista. Más paciencia, más guita, más violencia y, por supuesto, menos sueño porque si querés llegar tenés que madrugar. Así que los ánimos están caldeados desde el vamos.

Fra noi

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El loco saca un parlante y se pone a predicar mientras rapea. Me lo veía venir porque desde que subí revisaba un nuevo testamento y lo memorizaba entre dientes. También porque tiene cara de haber estado una o dos temporadas en una granja. El tipo tiene cierto talento para la rima. No es Olga Orozco, claramente. Tampoco Jaques Prèvert. Le falta bagaje lexical pero nadie nace sabiendo. Lo que dice, en términos místico-religiosos, es de una inocencia voluntarista que a la larga siempre termina en cruzada genocida o irrelevancia desesperanzadora. Él flashea buenas vibras y el advenimiento de un mundo mejor, como todos los chotos del mundo, vamos a decirlo.

Extravío

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Sube poco más allá del centro de Kathan city. A simple vista se nota que tiene las facultades mentales alteradas. No está bien. Es viejísima. Viste una docena de prendas, pero todas de verano o de hilo, que no sirven ni de chiripa para protegerla del frío que hace. Lleva puesto un pantalón de gimnasia con el elástico roto y lo sostiene con la misma mano con la que lleva una bolsa que parece pesadísima, no por lo grande sino por el ruido a metal que hace cuando la mueve. Con la otra mano se sostiene y manipula un fragmento de varilla de construcción de unos 20 centímetros que agita como si fuera una varita mágica cada vez que el colectivo frena en un semáforo. Tiene, como si fuera poco, un problema de obesidad.

Angelito

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Hace incontables eras, cuando no existía el kirchnerismo y Flavia Palmiero era novia de Franco Macri, me pintó por la religión. Joven, inexperto, falto de amigos y demasiado pobre para permitirme drogas de calidad, pasaba un catolicismo baratito por ahí y me sumé. Estuvo bien unos años hasta que empecé a leer. Luego llegué a la conclusión de que los dioses, si los hay, disfrutan más de las lágrimas de los inocentes que de su salvación.

Crianzas

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Como no siento mucho aprecio por la condición humana la cosa medioambiental no me traba el sueño. Eso sí, la mugre te la combato por una cuestión de decoro así que si masco un chicle o me fumo un pucho me guardo los restos en el bolsillo. A la larga es peor el remedio que la enfermedad porque los bolsillos del saco acaban por ser un reservorio de sustancias indecibles que van combinándose entre ellas y generando su propio medio ambiente. Eso es lo que encuentra el punga de no más de 14 años que intenta zarparme algo en el tren Roca. El vagón explota. Nos hicieron bajar de dos formaciones que por desperfectos de algún tipo no salían. Una infradotada dice que son los coletazos de Mercurio retrógrado que terminó la semana pasada pero que no se quiere ir.

Literaturas peligrosas

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Es de noche, tipo 20:30. Está fresco, pero no tanto. Antes de salir del laburo me puse unos calzoncillos largos. Craso error. Ayer funcionaron bien pero hoy no. Me pican. Me detengo a rascarme las partes íntimas frente a un bar pocilguero de Constitución. Siempre está lleno porque no es solo bar. También es pizzería, parrilla, panchería y despensa de prostitución y también otras cosas poco claras. Las chicas se sientan al fondo, en una mesita. A decir verdad, no son chicas. Son señoras que deben estar en el oficio desde que más o menos se fundó. Nada que decir; cada quién para la olla como puede. Aparte, si están es porque clientes no les faltan y en ciertas áreas de la vida la experiencia y la maña valen más que la fuerza y la turgencia.

Transculturalidad

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Los negros que viven de la venta ambulante en Constitución son un ejemplo inmejorable de globalización. Ellos, inmigrantes a veces legales y a veces no, venidos de los rincones más ásperos del África subdesarrollada, venden gadgets para celulares, ropas, calzados de marcas europeas fabricados por trabajadores asiáticos subalimentados o bolivianos esclavizados en talleres clandestinos propiedad de damas de la alta sociedad de cabotaje.

Politoxic universe

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Juan de Garay, mano a Constitución. Viernes 20:00. Más o menos fresco. Por el camino me crucé con varios barsuchos. Algunos cool, algunos chic y algunos francamente de borrachos. Todos con su clientela en la puerta, haciendo esquina, tratando de perder la sobriedad o tratando de encontrarla, suele depender de la hora.