La dicha en movimiento

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Salgo del laburo. Es tarde. Está fresco. No es muy común ver banderas de Paraguay y aun así me cruzo con dos o tres que la llevan cual capa superheróica. San Telmo es más proclive a banderas primer mundistas, con otro garbo, otro swing, muy distinto al lugar común del tereré y la guaranía. En la medida que me acerco a Constitución cada vez son más. Todos los bares y cafés de la zona, para paliar la mishiadura, pusieron televisores que transmiten el mundial las 24 hs. Cuando no hay partido, ponen uno repetido, u otro del ascenso, para que la manija no afloje; incluso, un café de aires franceses tiene una promo de chipa gourmet y cocido quemado. Es muy llamativo porque parece que te lo sirven con el carbón y todo. Unas señoras coquetas y recoletas, con sobrada experiencia en té y masitas finas, están chochas con la opción de una merienda étnica. Una le saca fotos a la bandeja para su Instagram.

Iluminate

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Caballito. A unas cuadras de Acoyte y Rivadavia. El gentío está a un paso de cortar la avenida. Extrañamente no reclaman nada, no se quejan de nada. Están celebrando. Lo curioso es que celebran cosas distintas. Unos, que egresan de la escuela cheta y de misa diaria que está frente al parque. Ochenta púberes pre adolescentes saltando, gritando y mandándose mano no tan a escondidas. Otros, que se recibieron de algo y salen haciendo trencito del Starbucks. Son como veinte. Como la vereda es estrecha avanzan sobre la avenida hasta ocupar casi la mitad. Hay un embotellamiento de la hostia y bocinazos ensordecedores. Por Campichuelo doblan unos flacos con facha de partidito de viernes con los pibes que arengan a la selección, cantan que en Brasil son todos putos, que le ganan a Francia y vuelve Cristina. Salen unos cuantos chiflidos de algún lado. O de varios. Los flacos se detienen, de golpe. Miran envalentonados. Nadie recoge el guante. Por suerte no retrucan. Siguen caminando, pero sin cantar. Les pincharon la onda.