Violinistas sin tejado

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Los veo de lejos. Son dos niñatos, un pibe y una piba de no más de veinte pirulos. Pilcha formal. Pulcros, arreglados. Y con 2 violines. No son habitués de la fila, pero hoy casi nadie lo es. Están entre los quichicientos mil estudiantes que vinieron a la marcha universitaria, luego se fueron a tomar algo y decidieron enfilar para sus ranchos justo, justo a la misma hora que yo salgo del laburo. La cola llega hasta la esquina de Salta y Brasil, da la vuelta y casi llega hasta Lima. La montonera de gente entre fila y transeúntes es discepoliana solo que en lugar de biblias y calefones hay hermanos tercermundistas venidos desde las letrinas de todo el globo, faloperos nativos, trabajadorxs sexuales, predicadores del emprendedurismo carterista, universitarios fans de la narratología de Propp y niñatas militantes con remeras de Cristina y Axel de cuando eran carne y uña.