El calor, como el peronismo, es incorregible y siempre vuelve, pero peor. Este año, por ejemplo, cayó antes. Cuando todavía ni soñábamos en bajar del aparador la ropa de verano apareció y nos dejó con poleras y bufandas en mitad de un desierto de 28 grados a la sombra. Se nota por el olor que despide la marea humana apiñada dentro del colectivo y se nota, sobre todo por la primera piba desmayada de la temporada. Agustín de Hipóna (o Tagaste si uno es muy pero muy requeteculto) proponía que un signo es algo que está en lugar de otra cosa. La desmayada es, pues, un signo de que los colectivos más o menos modernos apenas tienen ventanilla. ¿Por qué? Porque los construyeron para tener aire acondicionado en verano, calefacción en invierno y que la gente no desperdiciara nada corriendo los vidrios. Eso sí, siempre y cuando le hagas mantenimiento y pagues la energía necesaria para que funcione.