Me hago eco de un viejo desafío lanzado al aire una noche de copas y nostalgias de lo que no sucedió; me lanzo a pensar y a escribir como reacción ante mis propias ilusiones. Me levanto en su contra buscando, hurgando, revolviendo entre los escombros que ha dejado. Observo, miro, veo como, colocados en un mundo que rara vez nos da lo que queremos, en un universo que tiende al olvido, la esperanza cumple el doble rol de heroína y traidora; como, glorificada por aquellos que la creen maravillosa, goza de una popularidad semejante a la del amor, al que antecede, prefigura y complementa. Vemos, unos orgullosos, otros pasmados, como la gente bebe de su cántaro huyendo de sus penas hacia el futuro, olvidando que el último de los males que escaparon de la vasija de Pandora fue precisamente la esperanza engañosa.