Morirse, lo que se dice morirse como dios manda, ya no es lo de antes. Ni siquiera queda la épica respetuosa del olvido. Cuenta la leyenda que a Borges le había impresionado tanto el tratamiento que la sociedad le dio a la muerte de Balbín que por eso se fue a morir al primer mundo bajo una lápida inscripta en sajón antiguo, porque muertes cool, lo que se dice, cool, acá no se consiguen. Las muertes de cabotaje, patrias, las muertes nativas son siempre polémicas, criticadas, sacramentadas, sospechosas, grandilocuentes, que empuercan al muerto o a sus deudos, que llevan agua para distintos molinos y harinas para costales de diversos precios y calidades. Más aún si el fiambre es alguien que por una cosa u otra acariciaba o golpeaba los cojones de una sociedad siempre en duermevela y porreada.
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Reina de la lluvia
Posteado elLa muerte es, si se quiere, la frontera del todo. Por eso cada palabra que intente describirla es deficitaria y pobre. Habrá quienes crean que le sigue algo y habrá quienes no. Para todos es, como mínimo, un misterio.
Mochi
Posteado elNo era amigo de Mochi, era de otro curso. En realidad se llamaba Alejandro Villegas pero no creo que nadie lo recuerde así. Solo Mochi. Era su marca. No me caía muy bien. Era amigo de mi amigo, David. Había repetido una o dos veces, me parece. Tenía, pues, más o menos nuestra edad. Petiso, retacón. Era desenvuelto, medio fulero pero entrador. Tenía una voz nasal y una colita en el pelo que le quedaba como el orto pero en esa época era un imán para las chicas.