Sábado. Como no puedo pagarme una entrada al cine ni me alcanza para comer afuera aprovecho que es la marcha de la bronca y salgo raudo, creído que es un re planazo. Viene el colectivo. Ahí está él. Ya lo tengo visto. Malhablado, ladino, irrespetuoso. Xenófobo, chovinista Imprudente. Eso no le impide manejar un colectivo. Tampoco escuchar obsesivamente música evangelista. Hoy, por ejemplo, suena en loop una de estribillo bucólico: “un manantiaaaaal, un manantiaaaaal” canta una voz masculina una y otra y otra vez más porque si la buena nueva no te provoca un ACV entonces Cristo no se copa con la salvación de tu alma.
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Violinistas sin tejado
Posteado elLos veo de lejos. Son dos niñatos, un pibe y una piba de no más de veinte pirulos. Pilcha formal. Pulcros, arreglados. Y con 2 violines. No son habitués de la fila, pero hoy casi nadie lo es. Están entre los quichicientos mil estudiantes que vinieron a la marcha universitaria, luego se fueron a tomar algo y decidieron enfilar para sus ranchos justo, justo a la misma hora que yo salgo del laburo. La cola llega hasta la esquina de Salta y Brasil, da la vuelta y casi llega hasta Lima. La montonera de gente entre fila y transeúntes es discepoliana solo que en lugar de biblias y calefones hay hermanos tercermundistas venidos desde las letrinas de todo el globo, faloperos nativos, trabajadorxs sexuales, predicadores del emprendedurismo carterista, universitarios fans de la narratología de Propp y niñatas militantes con remeras de Cristina y Axel de cuando eran carne y uña.