Múltiples desventuras

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Los efectos del mal funcionamiento del ferrocarril Sarmiento se derraman por todo el conurbano. Los desesperados que deben llegar a horario para no perder su presentismo abordan cuanto transporte público aun funcione con cierta normalidad. Hacen piruetas cartográficas, complejas conexiones de idas y vueltas para llegar donde necesitan. De Morón Hills hacia Kathan City para tomar el tren fantasma hasta el bajo Barracas; combinación con el bus hasta Constitución y allí subterráneo hasta Palermo Queens. Con suerte el pelo no habrá encanecido en el trayecto y el orificio anal seguirá allí donde solía estar, agradecido él por haber tenido la buena ventura de tener donde posarse. Miles no pueden decir lo mismo. Juro que escuché a varios contar peripecias semejantes.

choferes

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Si dejamos de lado que por las mañanas el 96 se llena de drogadictos en recuperación que venden galletitas y cantan a los gritos canciones evangélicas, podríamos decir que esta mañana en particular es bastante agradable. Acomodado entre el fierrerío de la máquina expendedora de boletos y la ventanilla reflexiono sobre los tipos sociales que pueblan el transporte público. No es etnófoba la consideración de que según las líneas cambia la clase social y, en parte debido a eso, los orígenes étnicos. No hay que ser Gerardo Sofovich para darse cuenta que quienes viajan en el 12 (Puente Pacífico – Barracas / Barracas – Puente Pacífico) poseen un historial de alimentación y una formación educativa algo mejor que los que viajan en el 193 (Pompeya-km.29 / km.29 – Pompeya).

Asientos llenos

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Como de costumbre el colectivo repleto. Tres mujeres, cada una cargando un bebé, viajan paradas ya que los asientos especiales se encuentran ocupados por otras madres, ancianos orillando la muerte, discapacitados y obesos mórbidos. La masa compacta no les permite llegar hacia el fondo donde seguramente todos estarán dormidos. Una de ellas grita -“no me asfixien a la criatura”- la masa no se mueve un ápice. Acaso no pueda. La mujer deja de gritar. Tal vez haya muerto junto con su hija pero desde donde estoy no puedo asegurarlo. Otra grita que perdió la sandalia pero la reacción es pétrea.

Constitución

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Habrá quienes digan lo contrario pero el barrio de Constitución tiene el encanto de las urbes misteriosas. Frontera entre lo que es, en los hechos, un espejismo de la civilización y la barbarie, los viernes se multiplica su flora y fauna más pintoresca. Gente de trabajo duro que va o viene se cruza con la prostitución latinoamericana de quienes corren la coneja con acento del caribe.

Postal de cansancio

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Entonces, cuando no puede determinarse a ciencia cierta si el colectivo se encuentra semi lleno o semi vacío, la única opción es rebelarse ante las buenas costumbres que someten al cuerpo a la normalización de la autoridad. Así, lo que en otras geografías puede ser considerado una contravención, aquí se vuelve, no ya una rebelión personal sino un profundo acto de disgusto ante el cansancio. Ergo, me senté en el piso. Y como ocurre con todo acto individualista que no atina a sumar voluntades, al resto de la gente le importó un carajo.

Postal de asombro reloaded

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Esta vez es el 180 semirrapido. De Av. La PLata al km.29 por Cristianía. El chofer escucha cumbia a todo lo que da y el fondo esta lleno de pibes tomando vino a los gritos. Con ellos está una mujer que amamanta con sus dos pechos al aire; como mínimo raro. Lo único bueno es que hay aire. Y la gorda junto a la que estoy sentado es mullida. Pocos pueden darse lujo más principesco.