Ana araña los cincuenta y empezó a estudiar el año pasado. Luego de casi veinticinco de casada, se separó, agarró sus cosas y se mandó a mudar. Sin laburo ni techo fijo, sin acompañamiento de su familia que le decía que lo pensara mejor, que a su edad la cosa ya estaba jugada; sin nada a favor, dio un portazo a esa vida y se dispuso vivir otra. Cuando se dio cuenta se quiso matar, pero ya estaba en el baile. Y como sentía que la cabeza le labura demasiado y la hacía replantearse el cambio decidió ocuparla en otra cosa. Arrancó una carrera en la universidad de Quilmes porque le quedaba a 2 estaciones de tren de su casa. En el laburo la dejan salir antes, pero tiene que ir los sábados a la mañana a devolver las horas. Una cagada, pero no le jode, ya no rinde cuentas y si la comida no está hecha o la ropa está sucia nadie le dice nada.
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Historias mamushkas
Posteado el-No soy digno ni de un llamado por las fiestas- Me dice Marcos mientras se sirve el quinto Campari de la noche. Apenas si probó una empanada. No le hace falta. Las fiestas, como a todos, le dan la posibilidad de llenarse el buche con el reflujo de la nostalgia. Extraña a Venus pero Venus no lo extraña a él. Es lógico, se casó. Cría a sus gatos y disfruta de las mieles de su desnudez en otra compañía. Marcos es ahora como ese polvo al pasar con un desconocido una noche en la que nos pasamos de tragos en una fiesta quién sabe dónde. No significa nada. La bebida lo pone elocuente pero no hace más que enrular el rulo y lo sabe. Anochece, hace calor y los mosquitos lo distraen de sus ideas y en el fondo lo agradece. Quiere creer que de a poco se va curando de la fractura expuesta que le quedó en el alma. Esta noche parece que no le sale. Cuando se queda sin repelente mira al cielo. Sé que le reclama a los dioses por algo más pero solo dice «la concha de dios».
Le doute
Posteado elHace unos días hablaba con una amiga psicóloga, El Falo. Le decían así cuando la conocí. Yo la llamo Lisa. Nos conocimos en la empresa de transporte en la que laburábamos. Le gustaba el punk de los ´90, había coqueteando mucho con el reviente de zona sur, con la modas de tajearse las muñecas y con los problemas de alimentación. En algún momento se le alinearon los patos y se acomodó. Se recibió, se puso de novia con un tipo gigantesco y cara de pocos amigos; hizo una promisoria carrera estudiando el autismo, viajó mucho y se consiguió 4 gatos. Dejamos de vernos.