Los misterios

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Vengo de un velorio. Una amiga que se mudó de barrio, pero no por propia voluntad. Ya estaba en edad de merecer, pero eso no quita que podría haber tirado un tiempo más. Seguro que un día se levantó, vio un mundo con libertarios hasta en la sopa, pensó “pa´ lo que hay que ver”, dijo buen provecho y se tomó un remís al más allá. Mal timing, la vieja, porque me engancha sin un centavo para la corona. Además, son malos tiempos para la reflexión existencial cuando uno está pensando más en cómo garpar la tarjeta que en el sentido de la condición humana.

El nuevo negro (variaciones sobre un mismo tema)

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Ahora dicen que morirse está de moda. Y tienen razón. De un tiempo a esta parte la práctica de dejar de respirar de forma definitiva se hizo popular, en especial en el segmento de la tercera edad, pero no solo circunscripta a ella. Con excusas tales como el covid, el cáncer, o la insuficiencia renal miles, cientos de miles, incluso millones de personas alrededor del mundo se dan a la banalidad de sacar a relucir su blanca palidez. Luego, en un gesto egoísta y mezquino de su parte, le dejan a sus seres queridos la tarea de enterrarlos, las deudas por pagar, los llantos por llorar.

Mochi

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No era amigo de Mochi, era de otro curso. En realidad se llamaba Alejandro Villegas pero no creo que nadie lo recuerde así. Solo Mochi. Era su marca. No me caía muy bien. Era amigo de mi amigo, David. Había repetido una o dos veces, me parece. Tenía, pues, más o menos nuestra edad. Petiso, retacón. Era desenvuelto, medio fulero pero entrador. Tenía una voz nasal y una colita en el pelo que le quedaba como el orto pero en esa época era un imán para las chicas.