Morirse, lo que se dice morirse como dios manda, ya no es lo de antes. Ni siquiera queda la épica respetuosa del olvido. Cuenta la leyenda que a Borges le había impresionado tanto el tratamiento que la sociedad le dio a la muerte de Balbín que por eso se fue a morir al primer mundo bajo una lápida inscripta en sajón antiguo, porque muertes cool, lo que se dice, cool, acá no se consiguen. Las muertes de cabotaje, patrias, las muertes nativas son siempre polémicas, criticadas, sacramentadas, sospechosas, grandilocuentes, que empuercan al muerto o a sus deudos, que llevan agua para distintos molinos y harinas para costales de diversos precios y calidades. Más aún si el fiambre es alguien que por una cosa u otra acariciaba o golpeaba los cojones de una sociedad siempre en duermevela y porreada.
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Insolaciones
Posteado elMediodía. Sol. El calor transforma el asfalto en una mayonesa negra. Alem y Corrientes. Tres autos locos, un par de bondis, un patrullero estacionado a la que te criaste a una cuadra, frente al Luna Park. Corta el semáforo. Cruza la gente. En mitad de la avenida un viejo con bastón se detiene. Viejo viejo, tipo Matusalem. Candidato a cualquier vacuna como quien dice. Traje. Debe haber sido nuevo hace treinta o cuarenta años. Limpito. Arreglado. Corbata con nudo Windsor. Barbijo negro desteñido puesto como el culo. Medio pelado pero con gomina en los costados. Zapatos de charol brillantes, como si recién hubiese pasado por los lustrabotas que cada tanto se ven por el centro y te cobran la cuota mensual de la universidad privada de los hijos. El viejo mira hacia el obelisco y empieza:
—Qué tristeza ver a la ciudad así. Yo la vi llena de gente. Antes no se podía cruzar a esta hora. dice mientras me mira. Listo, me embocó. Eso me pasa por hacer contacto visual. Estoy tentado a no darle bola pero el semáforo está por ponerse en verde y el viejo sigue ahí mirando el horizonte y se lo van a llevar puesto.
Reina de la lluvia
Posteado elLa muerte es, si se quiere, la frontera del todo. Por eso cada palabra que intente describirla es deficitaria y pobre. Habrá quienes crean que le sigue algo y habrá quienes no. Para todos es, como mínimo, un misterio.
Escritura
Posteado elProcastino la escritura porque lo que leo cuando escribo son fantasmas y espacios vacíos repletos de presencias.
Hago otras cosas. Me excuso ante el espejo con aquello del trabajo, con aquello de que hay que cortar el pasto, bañar al perro, aspirar debajo de la alfombra. Me miento con la música al máximo volumen para que ni una coma me traiga a los oídos una voz de mujer, el ruido de un timbre, el ringtone de un teléfono perdido.
Extrañar
Posteado elNo nos detenemos a pensar lo que significa extrañar a alguien. Solemos vivir la vida con sus idas y vueltas y dejamos el extrañamiento por lxs otros para momentos límites tales como la muerte o el umbral de algún adiós prolongado. Luego nos acostumbramos y, con más o menos lentitud, volvemos a la cotidianidad en donde los otros, los idos, los partidos en su viaje, cualquiera sea, ya no cumplen el rol protagonista de nuestro extrañamiento. La vida misma sería un ejercicio más insoportable de lo que ya es si no pudiéramos abstraernos la mayor parte del tiempo de esos fantasmas evocadores. Su presencia constante es síntoma de locura. Su irrupción eventual, por incómoda que sea, acaso un signo de la cordura frágil para la que somos entrenados entre sudores y lágrimas.
La circularidad del tiempo 2 – Laura
Posteado elDice Sábato en algún lugar que la poesía, o el tango, solo tratan sobre el tiempo y lo irreparable. Tiene razón. Pero le sobran palabras. El tiempo y lo irreparable son lo mismo, como el alma y el cuerpo o como el aire y la luz, son distintos pero indistinguibles el uno sin el otro.