Las geopolíticas de tu corazón

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Son épocas en las que o bien uno se cansa de ser hombre, como decía Neruda en un poema, o bien se frota las manos porque corren buenos tiempos para la gente marchosa, como también dijo Serrat. El problema es que ni Serrat ni Neruda vivieron en un mundo tan, pero tan pedorro como este. No es que el pasado haya sido mejor, ni que la diferencia entre el bien y el mal hubiese estado antes más clara que ahora. Nada de eso. Lo que pasa es que quienes ya encontramos canas en el impostor escondido tras el espejo también tenemos una memoria que nos permite predecir ciertas cosas gracias a ella, aunque ninguna sea buena. Cuando uno le dice a los chicos que no metan el cuchillo en el enchufe no lo hace producto de la lógica aristotélica tardo-medieval sino fruto de haber hecho lo mismo en sus años mozos con consecuencias más o menos esperables. Entonces no queda más que sentir ese aire de “esto ya pasó y no terminó bien” cuando un grupete de trabajadores precarizados venezolanos se ponen a saltar en la esquina de Pueyrredón y Las Heras al enterarse que secuestraron a su dictador, pero olvidando que dejaron en pie su dictadura y les pusieron otro, porque la felicidad es así, poco dada a los detalles.

El truco de la magia

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Si uno no ve escenas extrañas en su vida cotidiana es porque o sale más bien poco o mira mal. A diferencia de Dios, que te tira un milagro cada muerte de obispo, el mundo es generoso con esas cosas. Nos parece que por lo general no pasa nada porque a fuerza de hacernos los boludos nos crece un cayo en la mirada de tanto no mirar lo que nos duele, nos avergüenza o nos espanta; una dureza que nos corta de cuajo la sorpresa. Cualquier antropólogo de morondanga, periodista o psicólogo social que cursa el CBC puede dar cuenta de que algo más de lo que vemos está pasado ahí afuera. No lo dice la radio, no lo cuenta la tele, se lo dice la gente, lo charla entre ella, se lo comenta a sí misma de una forma que los medios no pueden (y no podríamos) reproducir. Como un chusma que espera la hora en que llega la vecina para verla tras la cerradura, o el voyeur que asoma la cabeza por el pulmón del edificio todas las noches para ver si engancha cogiendo a la parejita del 5c, la mayoría de las veces solo vemos lo que queremos ver y nada más. Pescamos en una pecera unos pescaditos de mierda.  Ahora bien, así como no sabemos por obra y gracia de la superposición cuántica, si el gato de Schrödinger está vivo o muerto, tampoco podemos saber si viene o no el colectivo, si la muchachada que se apretuja a nuestro alrededor llega o no a fin de mes, si el que fuma paco en la parada se va a poner agresivo o si los pibes que se subieron al techo del Belgrano Sur perderán o no la cabeza cuando pasemos por el puente de Pompeya. Solo sabemos lo que otrxs dicen, lo que nos cuentan o –con sus bemoles- lo que vemos in situ, o como dicen los pibes, de frente manteca.

El gas pimienta de tu corazón

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Ana araña los cincuenta y empezó a estudiar el año pasado. Luego de casi veinticinco de casada, se separó, agarró sus cosas y se mandó a mudar. Sin laburo ni techo fijo, sin acompañamiento de su familia que le decía que lo pensara mejor, que a su edad la cosa ya estaba jugada; sin nada a favor, dio un portazo a esa vida y se dispuso vivir otra. Cuando se dio cuenta se quiso matar, pero ya estaba en el baile. Y como sentía que la cabeza le labura demasiado y la hacía replantearse el cambio decidió ocuparla en otra cosa. Arrancó una carrera en la universidad de Quilmes porque le quedaba a 2 estaciones de tren de su casa. En el laburo la dejan salir antes, pero tiene que ir los sábados a la mañana a devolver las horas. Una cagada, pero no le jode, ya no rinde cuentas y si la comida no está hecha o la ropa está sucia nadie le dice nada.

Auditorias

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La muchachada progre que combate el capital por Facebook puede estar muy preocupada por el financiamiento universitario, como vos, como yo, como cualquier señorito que haya leído Moby Dick y Los hermanos Karamazov, pero la verdad de la milanga es que a la monada de extramuros la cosa le preocupa muy de refilón. Ocupados por saber qué van a morfar o cómo garpar la luz el asunto de la educación superior no pasa más que como un berretín del nene o de la nena para después del laburo. Algunos, cuando salen del yugo, merecidamente y en todo su derecho, elijen irse a jugar a la pelota y otros a leer a Heidegger y a Saussure, pero cuando la panza hace ruido no hay Dasein ni significante que valga porque -lo sabe cualquiera- el hambre es heteróclita y multiforme.

La velocidad del tiempo funda el olvido

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Es como un refusilo -Dice misterioso y apunta al cielo- pero al revés, en lugar de iluminar, te oscurece el rancho.

El que habla es un viejo. 70 largos. Boina, echarpe, bastón de metal con tres patitas. Anda medio encorvado, pero se le nota el paso firme. No aceptó cuando le dijeron que podía pedir el asiento en el refugio, que le cuidaban el lugar en la fila. Prefirió quedarse parado. Mala elección porque vamos por los 50 minutos de espera y la cosa va para largo. Por momentos dice que está cansado, pero eso que lo hace olvidarse de lo que dijo hace 5 minutos también le hace olvidar el cansancio y sigue de pie, sin titubeos.

Marga

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Anoche murió Marga. Era la gata de la familia. 18 años. Cara de pocos amigos. Actitudes de pocos amigos. Enemiga de los extraños, de las caricias y el afecto. Prototipo de gato mal llevado, arquetipo aproximado del dictador, construyó su relación con mi gente y conmigo desde la distancia, la mala onda y eventualmente algún ronroneo lastimoso que nos recordaba que la que mandaba era ella, que la imposición de las reglas era su prerrogativa como emperatriz de todas las Rusias.

Sin esmowing

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Como si fueramos todos clasemedieros con auto nuevo que quieren llegar a Mar del Plata en 2 horas pisteando por la banquina vivimos en un mundo que cuando pisa el acelerador no le importa si llega a destino o se la pone contra un puente. No es para menos si nos bombardean a diario con esa positividad tóxica, venenosa, irrealizable y siome en donde hay que darle para adelante pase lo que pase, caiga quien caiga, no sea cosa que un influencer libertario en la cresta de la ola te trate de loser, planero y de voluntad pijotera.

Joya nunca taxi

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Si la economía, como la política, se ha convertido en un neuropsiquíatrico a cielo abierto no es de extrañar que también lo sea esa especie de Feria de la Salada virtual que es el Marketplace de Facebook. Galperín, el dueño de Mercado Libre lo sabe, en la Argentina, su negocio da pérdidas porque ya no tiene a quien robarle. Le roba al Estado, le roba a los que venden, le roba a los que compran, le roba a los que traen y le roba a los que llevan. Es decir, roba a más no poder mientras algunos lo posicionan como el ejemplo a seguir de emprendedurismo y meritocracia, porque podría haberse quedado como un triste millonario que esquilmó la fortuna de sus padres, pero no, como es un prohombre de la patria esquilmó el dinero de otros. Como todo empresario nacional, el libre mercado es de la frontera para afuera; de este lado la manija la quieren para ellos. Y como la muchachada apenas si puede comer sale huyendo de su plataforma y se va a esa tierra de nadie que usufructúa ese muchacho, Zuckerberg, el que le vende nuestros datos a quien pueda pagar en dólares por ellos.

Locis deformis

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Pocas áreas de la matemática pueden rivalizar en complejidad con la topología. Básicamente, en ella se estudian las propiedades de cuerpos geométricos que a pesar de sus cambios y transformaciones se mantienen más o menos iguales, como la cinta de Moebius o las figuras de Mandelbrot, por ejemplo. Sería todo muy ñoñazo sino fuera porque es perfectamente aplicable a barrios como Constitución, Retiro, Once, Liniers, Puente La Noria o Pompeya. Sea cual fuere el cambio al que sean sometidos esos barrios y sus puntos neurálgicos, perduran iguales, inconmovibles. Pongámosle, La estación de Sáenz, en Pompeya, puede ser pintada y repintada, puede ganar pantallas led y televisores HD en 4k, pueden ponerle baños y gente que los limpie, restoranes y cafés, tiendas de tecnología y escaleras mecánicas, policías y trenes que no se hagan cajeta y aun así, siempre es un lugar de mierda. Miles y miles de seres humanos empujados a tener a flor de piel la brutalidad más egoísta y mezquina. Podés tener un doctorado en ética de la universidad vaticana, los pájaros comer de tu mano y los niños, en tus brazos, trocar su llanto por risas y aun así, en Pompeya, Once o Morón comportarte como un infrahumano sediento de sangre cuyo único objeto en la vida es patear embarazadas con tal de pegar un asiento, de preferencia, del lado de la ventanilla y lejos de las puertas, no sea cosa que algún planero te zarpe el celular que compraste robado por Marketplace a sabiendas que las manchas que traía no eran de kétchup. Ni hablar si los colectivos están de paro y tu única forma de llegar al laburo es comiéndote un viaje de 4 horas para estar 5 en la oficina porque tenés que salir antes si querés llegar a tu rancho.

Chorizos oscuros

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Ayer me quisieron afanar. Fue en mi barrio, en la esquina de mi casa. 10 de la mañana. Salgo para el laburo, tarde como siempre. Mi viejo me abre la puerta. Camino hasta la esquina. Salto una zanjita, levanto la vista. A unos 50 metros una señora baldea la vereda luego del temporal. En frente, otro vecino saca las hojas acumuladas en la puerta de su rancho. Más allá, una flaca viene con 2 nenitos de la mano. Otro, le mete mano al motor de un auto en plena calle. Hay varios perros sueltos. Viene un tipo ramdom, indistinguible del grupo ecológico local. La prototípica facha de pibe chorro, gorrita, pilcha deportiva, camperón tipo muñequito Michelín, con su correspondiente déficit cromático y todo. Casi no lo registro. Borges decía que en el Corán y Las mil y una noches casi no se menciona a los camellos no porque no estuvieran sino porque iba de suyo que estaban ahí, como el glifosato en una escuela rural, el hielo en la Antártida o el fascismo en Córdoba, siempre están, son parte del aire. Estos pibes, también. No es que sean efectivamente chorros, pero para ser parte, para pertenecer, para tener una identidad colectiva se lookean así, hablan como hablan los pibes chorros, se cagan de hambre como ellos y comparten sus defectos y virtudes. Nada de lo que Marx o Bourdieu no hayan escrito, aunque pocos los lean.

Amor en tiempos libertarios

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Sería una guachada decir que en otros tiempos se vendían orquídeas transilvanas o amapolas de Ceilán. Siempre fueron rosas y claveles, y el estatus del regalo digamos que lo daba más la cantidad que su rareza, pero los tiempos cambian. El merchandising amatorio, también, en especial si no hay un mango.

Recuerdan aquellxs de buena memoria que antaño, para el día de los enamorados, se acababan los turnos en telos y las flores triplicaban su precio porque, como bien sabemos los fuleros, no basta solo con el amor para ponerla gratis y no sentirse solo. Lo prueban miles y miles de rupturistas del amor, de despechadxs que devuelven cartas apasionadas y ositos de peluche pero nunca lavarropas, autos e inmuebles tasados en dólares a precio Dubai.

En la soledad de los campos de algodón

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El clima es raro. Mitad desconfianza mitad esperanza trasnochada. El sol da de lleno en el tinglado del colegio y abajo hace un calor de la hostia. Afuera está lindo pero el sopor adentro de la escuela te deja seco el garguero. Lo sabe el gendarme de la puerta que cada 5 minutos se esconde para clavarse un sorbito de cerveza y prenderse un pucho, lo sabe el fiscal general del peronismo que comparte con el fiscal de Milei un menjunje que de lejos se adivina negro. Los tengo vistos. Son profesionales de la fiscalizaron, vaqueanos de mil chanchullos a favor y en contra de la democracia. Pusieron el cuerpo para el pelotudo del Tío Alberto, para Macri, para Vidal, para Randazzo, para Cristina, para De Narváez, para Néstor y Duhalde. Si rascás un poco capaz que también fiscalizaron para Dorrego y Lavalle al mismo tiempo. Es de esa gente que en la época de azules y colorados salía a la calle con una remera abajo de la otra cosa de quedar bien con dios y con el diablo, aunque tratándose de militares no hay dios que valga. Si pagás, te cuidan los votos. Si no pagás… la vida misma.

La filosofía y el barro de la historia

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Diana Cohen Agrest es Doctora en Filosofía, ensayista, presidenta de una asociación civil, Usina de Justicia. Recibió varios premios y reconocimientos, escribió varios libros. Se especializa en filosofía práctica, es decir, ética, moral, política, antropología filosófica. En 2011 su hijo fue asesinado en una entradera en la puerta del edificio en el que vivía. Yo estaba en la facultad ese día, fue un momento áspero, conmocionante porque ella siempre fue una integrante de la comunidad académica muy respetada y valorada.

Club de leones

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Colectivo línea 12. Cerca de avenida Córdoba. Algo pasó en el subte y por eso el bondi va hasta la manija. Bueno, manija para los estándares porteños, del otro lado de la General Paz la percepción del espacio debe ser distinta porque le suben 25 muñecos más y todavía te gritan que hay lugar, que corriéndose para el fondo. Debe ser el ambiente electoral muy piripipí que hay en el aire. La muchachada está irascible. Abajo de la tierra se acepta el apiñamiento pero no arriba. Cosas que pasan.

Argentinidad

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El progre de tendencias nacionalistas y descoloniales puede postear el videito de Moria Casán diciendo que los que hablan mal de país huelen a caca. Ok, muy emotivo el montaje. Pero si se lo piensa la Argentina, los argentinos y la argentinidad son una reverenda cagada. No por los motivos que esgrime la derecha, sino por los motivos que la derecha no dice y disimula. ¿Por qué? Porque la Argentina siempre fue de derecha, insatisfechamente de derecha. Liberal o conservadora, pero de derecha. De derecha liberal fue la revolución de mayo y plenamente liberal el 9 de julio. ¿La guerra de independencia? Revoluciones burguesas.

No lo entenderías

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Si como estabas enojado con Perón por el descontrol extremista fuiste a golpear a los cuarteles, si te enojaste con los milicos y su proceso de reorganización nacional y para castigarlos lo votaste a Alfonsín; si como te enojaste con Alfonsín porque con su democracia no comiste ni te curaste ni educaste lo votaste a Menen, si Menem te defraudó con su revolución productiva y lo votaste a Bordón que igual perdió; si Menem siguió defraudándote y entonces para castigarlo por sus naves atravesando la estratósfera lo votaste a De la Rúa, si para castigar a De la Rúa por aburrido y el megacanje y el corralito, lo volviste a votar a Menem que perdió con Kirchner, si Kirchner no te gustaba porque su país normal no era tan normal por eso la votaste a Carrió que perdió como pierde siempre, contra Cristina; si Cristina te exasperó con su mesianismo y por eso lo votaste a Binner que también perdió y entonces si para humillarla por su magia populista lo votaste a Macri y como no hubo pobreza cero lo votaste a Alberto, y claro, para castigar a Alberto por armarse una fiestonga cuando estaba prohibido lo votaste a Milei o a Bullrich o a Larreta con sus planes motosierra antiderechos entonces, no hay nada que explicarte. No tendría sentido.

+Muertos

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El procedimiento lejanamente intelectual de quienes defienden el accionar policial que terminó con la muerte de un manifestante se sustenta en el hecho de que el muerto tenía un prontuario. No cualquier prontuario sino uno de izquierda. Es decir, justifican su muerte o el ataque a quienes denuncian esa muerte bajo el supuesto de que era un mal tipo. En lógica se le llama falacia Ad Hominen. Aristóteles y los medievales ya lo habían descrito hace casi 2400 años pero eso para los paramecios de la actualidad no es importante. Por supuesto, condimentan su argumentación con más de lo mismo…

Y más allá… el metrobus.

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Los dioses nos odian, no hace falta ni decirlo. O nos cagamos de calor y nos cortan la luz o nos cagamos de frío y nos cortan la luz. O tenemos un gobierno popular que nos caga a palos con una sonrisa fraterna que combate al capital o nos toca un gobierno elitista que nos caga a palos en nombre de sus amistades bancarias. Es cierto, cada tanto -los dioses-, nos tiran un mundial para que la monada se conforme y no rompa las bolas por un rato o nos tira un hueso en forma de metrobús en San Telmo para que las señoras coquetas alaben la iluminación que suplanta la oscuridad terrible que los preparativos del mismo metrobús había generado.