Inti

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Día mil desde que el sol se puso un parripollo en la Argentina. Vamos a entendernos, para los Incas, la deidad suprema regidora del universo era Inti, una figura asociada al sol, como en toda religión henoteista que se precie. Haploides de vuelo bajo como Pichetto o consumidoras seriales de cevada fermentada como Bullrich aprovecharían la volada para pedir su expulsión del país por inmigrante ilegal, promotor de sequías, cortes masivos de luz y anarkotroskokirchnerismo mapuchense; Dirían, a su vez, que no hay que culpar al desmonte y al monocultivo propios del adn patrio sino a Inti que es peruano o boliviano y que viene a robarle el trabajo al dios cristiano que promete saciar el hambre y la sed de justicia de los bienaventurados y luego les hace pito catalán y te queda debiendo, de puro choto pederasta.

Animalitos de dios

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Luego de esperar una hora cae el colectivo. Subimos. Tiene aire. Pego asiento. Suben también unos especímenes pasados de copas en su versión más hedionda y asquerosa, ejemplos del salvaje que no genera ninguna empatía. Entidades amorfas carentes de cualquier indicio de humanidad respetable. Se hacen los graciosos, cuentan chistes a los gritos ofendiendo a cualquier minoría. Cuando el colectivo, cuyo pasaje cuesta lo que un Potosí se queda en el peaje de Dellepiane, la negritud se violenta. Ok tienen razón. Gritan que trabajaron 15 horas y quieren llegar a su casa. Eso es justificable. El estado etílico y las imbecilidades que dicen, no. El problema es que tienen botellas de vidrio y las quieren usar. Para colmos, el chofer, en lugar de explicar lo que pasa, desaparece. No se quiere fumar la verdugueada. La diferencia es que él puede bajarse y nosotros no. La temperatura pasa de 15 grados a 70 en 5 minutos. Todo lo que me rodea transpira y tiene olor a chivo. Los austrolopitecus afarencis no cierran la boca. Aparece un policía pero es más útil un tumor. Pone un par de conitos y se va. No podía ser de otro modo.

Ardiente paciencia

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No podía no pasar…otra vez. Son las 10 de la noche y aun así hacen treinta y pico de grados. Hay una cuadra de cola esperando el colectivo. En el lapso de tiempo en que debían pasar 3 no pasó ninguno. Los ánimos están caldeados. Por mucho menos le cortaron la cabeza a los reyes de Francia o derrocaron a Batista. La falta de morfi los primeros años de vida, el abuso de sustancias variopintas y una pobre formación en praxis política deja a la mayoría lejos de cualquier aspiración reivindicatoria. Al llegar el bondi un grupo de gente bebida acusa a otro grupo de gente bebida de querer colarse. No queda muy claro si es cierto o no. Se carajean de tal forma que haría que cualquier lingüista, semiólogo o estudioso del castellano medianamente competente sufriera una erección, es decir, sin consonantes. Se adivina el insulto más por el tono que por las palabras propiamente dichas. He aquí -pienso- la apropiación creativa del idioma de nuestro señor el rey de España, Dios lo tenga entretenido en sus matufias familiares y no lo suelte. Suben ellxs y subimos el resto. Siguen bardeando. Como amenazan con cagarse a palos arriba del bondi tenemos que esperar veinte minutos largos para que el chofer se digne a salir.

Insolaciones

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Mediodía. Sol. El calor transforma el asfalto en una mayonesa negra. Alem y Corrientes. Tres autos locos, un par de bondis, un patrullero estacionado a la que te criaste a una cuadra, frente al Luna Park. Corta el semáforo. Cruza la gente. En mitad de la avenida un viejo con bastón se detiene. Viejo viejo, tipo Matusalem. Candidato a cualquier vacuna como quien dice. Traje. Debe haber sido nuevo hace treinta o cuarenta años. Limpito. Arreglado. Corbata con nudo Windsor. Barbijo negro desteñido puesto como el culo. Medio pelado pero con gomina en los costados. Zapatos de charol brillantes, como si recién hubiese pasado por los lustrabotas que cada tanto se ven por el centro y te cobran la cuota mensual de la  universidad privada de los hijos. El viejo mira hacia el obelisco y empieza:

—Qué tristeza ver a la ciudad así. Yo la vi llena de gente. Antes no se podía cruzar a esta hora. dice mientras me mira. Listo, me embocó. Eso me pasa por hacer contacto visual. Estoy tentado a no darle bola pero el semáforo está por ponerse en verde y el viejo sigue ahí mirando el horizonte y se lo van a llevar puesto.

Noche ardiente

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Son las 8 y media de la noche. La autopista está cortada a la altura del bajo flores. La monada tiene calor, le cortaron la luz y está enojada. El bondi da 300 vueltas por los barrios aledaños tratando de pegar una salida. El chofer, poco dado a los detalles, hace cajeta mal un auto en una esquina. Mal, mal. Tanto los pasajeros como los que están abajo le avisan pero le chupa un huevo. No para. Sigue pisteando. El del auto nos sigue como enajenado tocando bocina durante 50 cuadras. Quiere que el chofer pare para tomarle los datos pero la gente del bondi le insiste que no, que no pare, que el del auto se cague, que quieren llegar a casa y tienen calor. La monada saca el balero por la ventanilla y amenaza de muerte al del auto. Uno, incluso, le muestra al del auto una faca de carnicero tan larga como mi brazo.

Mostro

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Línea 86, semirrápido por ruta 3. Me subo en Diagonal sur. Todos los asientos piolas ocupados. Previendo la subida de embarazadas, viejos y discapacitados me voy para el fondo, a un asiento de los de atrás de todo, junto al asiento del boludo, ese que está justo justo en el medio y que si frena de golpe salís disparado hacia adelante porque no tenés de dónde agarrarte. Por supuesto que, a diferencia de otras líneas más recoletas como el 12 o el 141, el 86 no tiene aire, así que sentarse donde lo hago es soportar el calor abrazador del motor contra la espalda.