¿Cómo explicarlo? En algún momento a los diseñadores de colectivos se les dio por introducir un espacio vacío de asientos en la mitad del bondi, cosa de apilar gente a lo pavote y que la monada se arregle sola. Lo que antes era un cubículo rectangular con asientos de un lado y otro ahora son dos territorios aislados uno de otro con un no man’s land en medio. Una primera sección con los asientos reservados y más allá, los montones.

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Las fronteras de la terra incógnita son codiciadas. Arquímedes pedía un punto de apoyo para mover al mundo, los pasajeros para no necesitar un ibuprofeno. Si no lo encontraste y tenes la altura suficiente, podés colgante. Sino, te apoyás como puedas o hacés equilibrio, a nadie le importa.

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En ese territorio donde prevalece la ley del más fuerte y el más alto, te apoyan lo quieras o no sea cual fuere tu gusto sexual y tu género. Podés sentir el bulto de una pija en la espalda o el refregado de unas tetas en la cara. La mayoría de las veces es claramente involuntario pero la línea que separa el amontonamiento del abus es finita y a veces hay excesos de todos lados: el pillo que aprovecha para flashear su perversión hija de puta y la indignada de más que, pasada de rosca, decidió subirse a un bondi que estalla de gente y no, flaca, no te estoy apoyando porque vos tenes tu mochila en el pecho, yo también y te aseguro que no tengo el pito tan largo como para saldar esa distancia. Todas mis ex pueden dar fe de eso.

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La tierra de nadie tiene una puerta. Si vas boludeando con el teléfono por ahí va a salír el que te lo zarpe así que guárdalo o cambialo por un libro. Si no hay lugar para girar la pagina como es habitual, cerrá los ojos y contá ovejas. Dormir parado es un arte que requiere práctica.

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Ir apoyado en esa puerta puede ser una bendición digna del más pío de los seres o una condena que te recuerde que aquellas infidelidades estuvieron de más. En verano, cuando te derretís, por ahí entra un poco de aire ya que las puertas no llegan hasta el suelo. Tienen un resquicio de uno o dos centímetros por donde entra el chiflete. Ahora bien, en invierno, si tenes pilcha finita, tus órganos sexuales se van a endurecer. Sabelo.

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El micropasillo que introduce a la parte de los montones tiene un escalón. Mucho vivillo lo usa de asiento jodiéndole la vida a los que quieren pasar. Apoyan el marote contra un caño y olvidate, roncan hasta mañana. Es ahí donde se acomoda el padre de un nenito en silla de ruedas. El pibe tiene una de esas discapacidades bien jodidas que hacen que Steffen Hopkins parezca Hugh hefner. Nadie le impugna al padre que se tire una siesta porque tal vez se lo merezca mucho. El que no está muy de acuerdo es el bebé que aprovecha que su madre twitea para regurjitarle la pelada. Ahí te das cuenta que dios no existe, posta.