“Frente a frente con el falocentrismo heteropatriarcal cisnormalizador de corte esteticista” pienso mientras una flaca en musculosa se agarra del caño y deja ante mis ojos su axila poblada y frondosa de pelos. En ellos tiene unos manchones blanco-metálico como si se hubiese puesto eficient en spray bajo el brazo o esos desodorantes a bolita chinos que valen cinco pesos, que te dejan un menjunje gelatinozo y tienen olor al delta del Chang Jiang. Lleva un vestido lindo, de colores, tal vez un poco corto para un 96 que va hasta las pelotas. No porque la vayan necesariamente a embarazar sino porque el primero que se enganche con él la va a dejar literalmente en pelotas. Lo único que nos separa es mi mochila. La tengo puesta de frente.
Autor: El Gris de Tus Ojos
Hincha
Posteado elPegué un asiento sobre un caño, cerca de una de las tomas de aire acondicionado del colectivo. Hay olor a trapo de piso húmedo. Sale del aire. La señora que tengo a mi izquierda todavía no tiene afilado el arte de dormir parada. Cada tanto se le aflojan las rodillas, medio que se desploma, vuelve en sí justo antes de estamparse por completo contra mí y sigue dándole al ojo. Del otro lado tengo a un gordito que debe ser zombi porque nada vivo puede despedir un olor como el que tiene. Parece limpito. Mira en su celular videos de reguetón con lesbianas o algo así.
Muchos
Posteado elSube un viejo más cerca del arpa que de la guitarra. Como los ocho asientos de adelante están ocupados por gente que llena su vacío existencial reproduciéndose, el debate versa sobre quién debe pararse, si la que lleva al bebé de más edad o la que lleva al más pequeño.
Termina parándose un ciego al grito de “esto pasa por culpa de Alfonsín que aprobó el divorcio”.
Calor
Posteado elPor alguna razón están cerrados los accesos al subte c. Me hago pis. Paso por la estación de servicio de Independencia y 9 de julio. Hace tanto calor que no puedo llegar a Constitución. Me voy a la parada de Estados Unidos y Salta. Espero una hora y diez. No sólo me vuelven a dar ganas de ir al baño sino que tengo sed. Me olvidé la botellita de agua con gusto a cloro en la heladera del trabajo. Me duelen los pies y casi no tengo bateria en el teléfono.
Lo que queda de la furia
Posteado elLa city se puso espesa, furiosa como nunca. Incluso en San Telmo, tierra de gente sin techo y extranjeros en plan bonvivant, se huele la estela de los gases lacrimógenos que trae el viento. Cuando voló la primera piedra no quedó ni el loro. Los barcitos hipster cerraron temprano, no sea cosa que la clientela se les mezcle. Por Estados Unidos hacia la 9 de julio están las primeras huestes replegadas. Todos tienen el garguero seco. Algunos celebran el triunfo de una batalla, otros lamentan haberla perdido. No queda muy claro cuál es el saldo final. Los restos están a la vista, pancartas, tetras tirados y montones de cascotes que nadie usó. Las viejas en las puertas de los edificios conversan con los encargados.
De sus ojos
Posteado elPara qué mentirse a uno mismo si al fin y al cabo cuando llega el momento de apoyar la cabeza en la almohada no hay cansancio, ni alcohol ni droga alguna que pueda expurgar sus labios de mis ojos.
Ella
Posteado elLa veo desde el colectivo. Cruza el asfalto con la parcimonia de quien se sabe dueña de la calle. Errática pero veloz. Le adivino el origen. El puesto de choripanes que a toda hora cocina una pumarola y a toda hora da alvergue a quien no tiene donde ir, o no lo recuerda o no lo tiene muy en claro. Viene de ahí y como todos allí escapa del agobio del calor. El puesto tiene por techo una lona azul que alguna vez fue un banner electoral de Mario Ishi, uno de esos barones del conurbano de idelogía líquida y moral tirando a precaria.
Cumbias y merengues crueles, otra vez
Posteado elÁspero está el sol y áspero el ambiente. A las dos de la tarde el 96 es un volcán de gente que esperó una hora al rayo del sol. Maneja un pibe que debe tener, a lo mucho, veinte años. Está aprendiendo. Va con un acompañante que le dice “te pagan por llegar, olvidate del horario en diciembre. Hay piquetes, colas y quilombo. Vos, lizo y si alguien boquea de más, te conseguís uno de estos” dice, mientras saca de la mochila un pedazo de caño de dos pulgadas.
Dante
Posteado elAyer murió Dante. Dante Zavatarelli. Tenía 80 años. Lo conocí en la tecnicatura en periodismo. Dictaba Ética y deontología profesional. Era una leyenda viviente del periodismo deportivo pero los chicos y chicas que pululaban por los pasillos no tenían la más puta idea de quién era. Se le cagaban de risa por el moñito y él lo sabía, pero no le importaba. Era su sello.
Viajecito
Posteado elLlego a la parada y se que va a ser un día arduo. Tres viejas. Una lleva 3 nenes de la mano. Otra se sorbe los mocos y escupe mocos verdosos ahí nomás de los zapatos de los otros. Una ultra obesa en bastón. Una mujer le revisa los piojos a su hijo. El colectivo tarda media hora en llegar. Cuando aparece viene hasta las bolas. Hay que ayudar a la ultra obesa a subir. Somos dos empujando, yo y un viejo con buena voluntad que no está en condiciones de empujar ni la cortina del baño y estorba más de lo que aporta. Apenas la movemos. Subo. Colectivero, mala onda. Me apoyo en un rincón que no es cómodo pero suma. Las veo de reojo. Dos embarazadas.
Viernes
Posteado elViernes por la noche. La fila estalla. El ambiente no está caldeado pero podría estarlo. A veces basta tan solo una chispa. Bien lo saben los bosques y los gobiernos de derecha.
Subo. Soy el último en sentarme. Me queda el primer asiento, lado pasillo. Ninguna embarazada a la vista, nadie con chicos; tampoco viejos rotos. Por dentro ruego a los dioses que en las otras dos paradas que faltan antes de la autopista no suba nadie que me reclame el asiento. El colectivo va tan lleno que se desvía para no pasar por una de las paradas. En la otra se detiene pero no abre la puerta. El chofer se hace el boludo. Mira de reojo a la multitud. Uno de los de abajo arroja una botella de gaseosa abierta contra la puerta. Mientras arranca veo el menjunje de agua azucarada y tierra chorreando por el vidrio. Uno que va junto al chofer saca una lata de cerveza y la abre. El chofer le dice que no puede hacer eso, que lo compromete. -Uh, disculpá, le dice y se baja la lata de medio litro en un fondo blanco admirable. Pide permiso y tira la lata por la ventanilla en mitad de la autopista.
Memorias
Posteado elLas redes, por X motivo, me traen información de una ex muy querida, que partió odiándome. Lo que me llega me hace parafrasear a Churchill: Tiene muchas de las virtudes que odio, y pocos de los vicios que admiro.
Suerte con eso.
Peluches
Posteado elParada del noventibondi. La cola llega hasta la esquina. Estoy bien ubicado. Aparecen en la esquina tres tipos saltando cada uno con un fernandito en la mano. Paran para vomitar y vuelven a saltar. Cuando una ambulancia está por cruzar O’brian se le paran adelante y no la dejan seguir. La ambulancia se desvía. Los pibes encaran para este lado. El olor a paco se les siente desde acá pero es distinto. Lo deben haber mezclado con glifosato o jugo Suin de naranja porque cuando entra en la nariz te deja picando las tripas.
Tierra de nadie
Posteado el¿Cómo explicarlo? En algún momento a los diseñadores de colectivos se les dio por introducir un espacio vacío de asientos en la mitad del bondi, cosa de apilar gente a lo pavote y que la monada se arregle sola. Lo que antes era un cubículo rectangular con asientos de un lado y otro ahora son dos territorios aislados uno de otro con un no man’s land en medio. Una primera sección con los asientos reservados y más allá, los montones.
Mingitorios
Posteado elLos baños de la estación siguen clausurados después de dos años. Si estás muy urgido te quedan los del primer piso pero tenés que patear una escalera larga y empinada. Suele estar a oscuras. Cuando llegás la cosa no mejora tanto, tenés un pasillo de durlock que huele a lavandina pura. A la izquierda las mujeres, a la derecha los hombres. Hay un tipo de seguridad privada en la bifurcación, justo en la puerta de lo que vendría a ser un baño para discapacitados. Raro que esté ahí arriba porque nunca anda el ascensor así que si tenés alguna necesidad mejor que tu silla de ruedas levite porque sino te cagás encima.
Reproducciones
Posteado elSubo. Primer asiento. Lado ventanilla. El chofer escucha una canción que dice “morir por Jesús realiza mi vida”. No me dan las manos para ponerme los auriculares. En el asiento de al lado se sienta una piba con bigotes, una adolescente. Está complicada, necesita una prestobarba urgente.
Homo ludens (o el spinner de tu corazón) – Editorial 88
Posteado elJugamos desde siempre. Jugamos en todas partes del globo. En todas las épocas, incluso antes de que las hubiera, cuando éramos proyectos de seres humanos sobre árboles. Jugamos y, en principio, cualquier elemento a nuestro alcance es un juguete. Tal vez por eso las esferas del juego y lo sagrado se encuentran unidas en una oposición insalvable. Jugar es una actividad plenamente humana que se da en una temporalidad cuyas reglas son un acuerdo. El juego, como las formas sociales, es un pacto que nos trasciende, amplía la comunidad en su necesidad de un otro. Opera como mediador sociocultural entre la adultez y la infancia, entre una clase y otra, y a su vez es soporte de la biografía de los individuos y de la memoria comunitaria, que nos enclava en el tiempo y el espacio que nos ha tocado. De igual modo, permite la cohesión entre los miembros de una comunidad que crecen y juegan hasta reconocerse en sus individualidades y potencias.
“El juguete es el máximo exponente de lo que es la figura del niño como consumidor” – Diálogo con Dolores Deluchi
Posteado elSe habla de juguetes, se habla de jugadores, se habla de ideología asociada a objetos, o de un supuesto mercado voraz que toma cautivos a padres e hijos y los obliga a consumir. Sin embargo rara vez se habla de los hacedores de juguetes, aquellos que diseñan y fabrican eso con lo que todos jugamos alguna vez. De eso hablamos con Dolores Deluchi, Diseñadora industrial, docente en la facultad de Diseño y Urbanismo de la UBA y Directora del Observatorio de Diseño e innovación para la Industria del Juguete.
Roca reloaded
Posteado elFerrocarril Roca. Estación Bernal. Mano a Constitución. El conductor, como ve que llego corriendo como un descocido, se copa y me abre la puerta. Me apoyo contra el vidrio y agradezco mientras recupero el aire. El tipo sin darse vuelta levanta la mano y hace, como Carlitos Balá, un gestito de idea.
Caballo II
Posteado elTomo el 297 rumbo a Merlo. Cuando aun no acabamos de salir de Pontevedra pasamos frente a un centro de verificación técnica vehicular o VTV, como le decimos en provincia. En frente hay un campito. En el medio hay un caballo, solo. El bicho salta y corre. Juega, se tira en la tierra bajo la llovizna. Se siente libre. Pobrecito. Ha sido reducido a creer que esa hectárea perimetrada con alambre de púas es lo más parecido al albedrío. Es casi un ser humano.